El Palacio de Cristal: Recuerdos y Reflexiones 

El Palacio de Cristal, en el Parque del Retiro de Madrid, es un lugar especial para mí. Cuando era niño, solía ir al parque todas las tardes después del colegio a jugar y correr por sus alrededores. Recuerdo cómo me fascinaba su estructura brillante, como si fuera un castillo hecho de cristal. En aquel entonces, no entendía por qué me atraía tanto, pero me parecía mágico ver cómo el sol atravesaba sus paredes y cómo parecía formar parte del entorno, reflejando los árboles y el cielo. 

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Con los años, mi madre me contó la historia de este lugar, lo que me hizo mirarlo de una forma completamente diferente. Saber que fue construido en 1887 para albergar plantas tropicales, especialmente flores traídas desde Filipinas, me conectó aún más con el Palacio de Cristal, ya que mi familia tiene raíces tanto en España como en Filipinas. Ese detalle me hizo reflexionar sobre cómo la arquitectura puede contar historias y ser un puente entre diferentes culturas. Desde entonces, cada vez que lo visito, siento que su diseño refleja no solo la naturaleza que lo rodea, sino también las personas y las historias que le dieron vida. 

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Ahora, como estudiante de arquitectura, miro el Palacio de Cristal desde una nueva perspectiva. Me parece fascinante cómo sus materiales, el hierro y el vidrio, se utilizan de una forma tan innovadora para su época, creando un espacio que conecta perfectamente el interior con el exterior. La transparencia del vidrio permite que la luz y el entorno natural formen parte del edificio, eliminando casi por completo la sensación de barreras. Es un ejemplo perfecto de cómo la arquitectura puede integrarse con el paisaje en lugar de imponerse sobre él. 

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Los recuerdos de mi infancia y mi aprendizaje como estudiante se entrelazan cada vez que pienso en este lugar. El Palacio de Cristal no solo me recuerda tardes felices en el Retiro, sino que también me inspira a pensar en cómo los materiales y el diseño pueden transformar un espacio en algo especial. Es un recordatorio de que la arquitectura no es solo construir, sino también conectar: conectar culturas, personas y, sobre todo, el espacio que habitamos con el entorno que lo rodea.