Después de este primer cuatrimestre en Arquitectura, he aprendido a mirar los edificios de una manera completamente diferente. He aprendido a descubrir cómo cada elemento cuenta algo sobre la historia y la cultura de ese lugar.

En Valencia, las construcciones típicas, como las barracas, me han hecho reflexionar sobre cómo la arquitectura puede ser un reflejo directo del entorno y las necesidades de su comunidad. Estas viviendas, con sus tejados inclinados y paredes de barro, no solo son funcionales frente al clima de la región, sino que también son un símbolo de la conexión entre las personas y la huerta valenciana. Esta relación ha definido el estilo de vida local durante siglos.

Uno de los momentos que más me marcó fue durante la práctica de campo de Introducción a la Arquitectura, donde tuvimos que caminar por el entorno de la universidad buscando ejemplos de arquerías en edificios tradicionales protegidos. Fue un ejercicio que no solo me hizo valorar más estas construcciones, sino también entender cómo la arquitectura local está en constante diálogo con su pasado.

Estas experiencias me han enseñado que la arquitectura no se trata solo de diseñar lo nuevo, sino también de entender y reinterpretar lo que ya existe. Las barracas y las arquerías son mucho más que formas; son expresiones de la identidad cultural de Valencia, y como futuros arquitectos, creo que tenemos la responsabilidad de integrar esa riqueza en nuestros propios diseños. Reflexionar sobre el entorno que nos rodea, como hicimos en esa práctica, me ha mostrado que incluso los elementos más cotidianos pueden tener un profundo significado cultural.
